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les va a interesar a muchos que son padres y para que vean que padre no escualquiera como dice el dicho
Padres a descuento III
Papá, querido papá
Opiniones de dos hombres que han tenido que asumir desde ópticas distintas su responsabilidad como progenitores. Acercamiento a las interioridades masculinas en busca de las razones que hacen asumir a plenitud o no la paternidad de los hijos
Katia Monteagudo
La puerta de entrada a la casa de Subiaurría necesita un poco de pintura, aunque las paredes de la sala están recién retocadas con cal y cemento. Allí todo tiene su lugar: dos sillones a la derecha, dos butacas a la izquierda, a un costado el sofá y en el centro una mesa con varios adornos pequeños. Sobre un viejo televisor Krim-218 descansa un modesto cuadro con la imagen en blanco y negro de una mujer y un vaso de agua con algunas flores casi marchitas.
Ahora por toda la habitación un hombre desliza con habilidad el trapeador. Aún viste la ropa de trabajo: pantalón de mezclilla, camisa de mangas largas y botas de campo. Sobre el pelo todavía le quedan algunos restos de la tierra del autoconsumo donde trabaja como obrero agrícola desde hace casi seis años, cuando tuvo que dejar su oficio de operador-mecánico A de grúa.
Ya está acostumbrado a la rutina doméstica. Se levanta a las 5:00 am, prepara el desayuno y la merienda, y sale a las 6:00 am a dejar al hijo de diez años con el custodio de la escuela hasta que llegue la maestra. Siempre se tiene que ir al despuntar el día y regresar a las 5:00 pm, recoger al pequeño, buscar los mandados, hacer la comida, preparar el baño, fregar, limpiar y antes de dormir balancear sobre sus piernas al niño.
Los sábados y los domingos laborables carga con su muchachito para el trabajo y allá lo tiene hasta que termina la jornada. “Llevo una vida dura, pero no es difícil. Cuando uno tiene dedicación a sus hijos y los quiere, hace todo lo que tenga que hacer por ellos. Tengo 51 años, pero uno se adapta a todo a la edad que sea. Yo me siento como si hubiera una mujer en la casa”, confiesa mientras pone a un lado el trapeador y se acomoda en una de las butacas para desgranar su vida como hombre y padre desde el momento en que asumió solo la crianza de sus dos hijos.
—¿Desde cuándo es un padre solo?
—Hace cinco años y medio. Ya el niño tiene casi 11 años. Cuando se murió su mamá tenía tres y medio y el grande 16. Tuve que ponerme a lavar, a planchar, a hacerles la comida, buscar los mandados y cumplir con mi jornada laboral por 192 pesos. Ahora me ayuda mi hijo mayor al que le pagan 220 pesos para que estudie Contabilidad.
“Cuando me quedé viudo tuve que enfrentar solo, con mis 192 pesos, el cuidado de la casa y los dos hijos. Ocuparme de todo. Yo limpio todas las noches, apenas termino la comida. Ellos estudian y practican deportes. Ahora el niño recibió un diploma en el kárate. Los dos son cinta verde. En sus escuelas van bien”.
—¿Por qué no ha buscado otra ayuda?
—Lo que nunca pensé, cuando se murió mi mujer, fue ponerles un abrigo rápido para que no fuera a traerles trastornos. He querido mantenerme así solo hasta que ellos tengan una cierta edad y yo pueda hacer de nuevo mi vida. Realmente he tenido que olvidarme de mí para dedicarme a ellos.
—¿No ha sido también difícil para el más pequeño?
—El niño siempre ha sido muy apegado a mí desde chiquito. La madre murió de la meningo encefálica bacteriana. Le entró de pronto y cuando la saqué de la casa ya estaba casi muerta. Todo transcurrió muy rápido.
—Se dice que madre hay una sola y que padre es cualquiera...
—No es cierto. Padre no puede ser cualquiera y si quiere a sus hijos tiene que dedicarse a ellos cueste lo que cueste.
—Se ha sentido menos hombre por actuar de esa manera?.
—Jamás. A mis hijos, que yo sepa, lo único que les ha faltado es el cariño de su madre que está muerta, incluso por las noches, le doy balance al niño antes de que se duerma. Tengo que recrearlo un ratico en mis piernas todas las noches.
—Los momentos más duros.
—Cuando los he tenido enfermos. En esos instantes uno de verdad se siente solo, y hay veces que he deseado una compañía para poder enfrentar ese problema, pero siempre me resigno y sigo adelante. Ellos, por suerte, son bastante sanos.
—¿Se siente satisfecho como padre?
—Soy un hombre feliz, aunque creo que les debo más cariño. Todo lo que ellos necesitan no se lo he podido dar, pero sí les he dado bastante.
Nunca me preguntaron si quería tener ese hijo
Martínez se acomoda en la butaca y pide mantenerse en el anonimato. No quiere revelar detalles de su identidad, aunque acepta ser nombrado por su apellido, bastante común entre los cubanos de hoy.
El tema no le resulta cómodo. Incluso ahora está violando el juramento que se hizo a sí mismo de no hablar del asunto. Le molesta. También le duele. Baja la cabeza y no quiere preguntas. Solo cuenta. Se olvida de la grabadora y se aísla en su historia.
“Mi primera reacción fue mandarla para el diablo y desentenderme de todo. Me sentí engañado, encabronado. Nuestra relación fue clara desde un principio. Yo soy casado y nunca iba a dejar a mi mujer ni a mi hija. Ella se conformaba. No usaba perfume, ni maquillaje para no perjudicarme y me decía que no pensaba parir.
“Cuando me dijo que estaba embarazada y que lo iba a tener, me puse bruto. No quería ni verla, ni saber del problema, ni mucho menos reconocer al niño como mío. Un amigo me dijo que no hiciera eso, que si no la convencía de que se hiciese un aborto, debía reconocer al muchacho como mi hijo. Aquello fue terrible. Me empezó a presionar, a llamar por teléfono a mi mujer. Me desbarató la vida en un instante, hasta sentí deseos de que desapareciera.
“Durante los primeros meses de su embarazo yo seguía endiablado con ella. De verla sentía ira. Dejé de dormir. Después me puse a pensar. No iba a ser nada fácil vivir sabiendo que tenía un hijo tan cerca, que lo iba a ver por la calle. Eso iba a ser de madre.
“Aunque a mí nunca me preguntaron si quería tener ese hijo, poco a poco se me fue pasando aquel primer impulso y cuando nació lo inscribí. Me puse de acuerdo con la madre y le empecé a pagar su pensión alimenticia. En eso me ayudó mi familia y de cierta forma las cosas han ido pasando con cierta normalidad. El niño sabe que soy su padre, y su madre y yo ya nos toleramos bastante, aunque cada vez que me acuerdo cómo me manipuló me vuelve la rabia.
“Las cosas después de todo se resolvieron sin mucho escándalo, a pesar de que tuve que aguantar hasta que me presionara en mi centro de trabajo. Mi matrimonio se ha vuelto a encauzar y las cosas han vuelto a su curso normal.
“También un amigo me contó que a él le había pasado lo mismo, que reaccionó igual que yo al principio y ahora se arrepiente. Ya ese niño es un hombre y cada vez que lo ve por la calle se eriza porque cree ser un buen padre para los dos hijos que tiene con su actual mujer. Eso no lo deja a veces vivir. Ni entiende mucho cómo fueron pasando las cosas, y como el cariño crece con el roce diario, por tiempos se olvida de que ese hijo existe.
“No es nada fácil aceptar un descendiente cuando uno no lo espera, y más si nace de relaciones no estables ni públicas. Es como si te chantajearan. ¿Cómo se puede aceptar un hijo impuesto? Yo amo a mi hija y al niño también, pero tengo que confesar que no lo esperaba y al principio no quería saber de él por la manera en que me utilizó la madre.
“Ahora está muy de moda eso de ser madre soltera y cualquiera te embarca con tremenda facilidad. Al principio te dicen que ellas pueden hacerlo sola, que no necesitan del padre, pero cuando el niño empieza a preguntar por papá, ni el salario que tienen, ni la buena casa, ni nada material que les hayan dado pueden responderle esa pregunta.
“Mira, uno es hombre y tenemos ciertos códigos y a veces tenemos relaciones, que solo son eso, relaciones. Más bien de momentos. Nada de compromisos mayores. No estamos pensado en matrimonio, ni en hijos. Nos sentimos bien con esa persona, incluso les tomamos cariño y hasta podemos estar con ella por algún tiempo, pero hasta ahí.
“Las mujeres son distintas. Siempre tienden a la estabilidad. Se enamoran y no quieren compartirte y ahí es cuando comienzan, las presiones, y no son pocas las que se embarazan para que te quedes con ella. Puede ser que esto haya sido una solución para algunas, pero no es fácil ser utilizado como un semental barato”. Juventud Rebelde Digital
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