La Guerra del Pacifico - Los Héroes Olvidados
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Admin: Borrar Mensaje  MAURICIO    mauroverde1964@hotmail.com  22/06/2013 03:18  Fecha
Mensaje PROSTITUCION, DELINCUENCIA Y MENDICIDAD EN LIMA 1882

Sumilla: Se describe aspectos de la vida cotidiana en Lima bajo la
ocupación chilena, en especial lo relativo al quehacer de sectores lumpenescos. La documentación proviene del Diario Oficial, que en Lima
publicaron los chilenos entre 1882 y 1883, cuya colección se guarda
en la Biblioteca Nacional del Perú.

Un aspecto novedoso en la investigación sobre la guerra del guano y del salitre, se relaciona con lo que ocurrió en la Lima ocupada entre 1881 y 1884. Se cobijaron en ella proditores y felones, disfrutando de la protección chilena. Para ellos la vida volvió a la normalidad: dieron fiestas para confraternizar con los invasores; reanudaron las escandalosas orgías en sus reconstruidos palacetes; continuaron con sus campeonatos de cricket, con sus veladas artísticas de elite y desfiles de modas. Disfrutaron, asimismo, de corridas de toros y de peleas entre mastines y gatos en la plaza de Acho. A tanto llegó la frivolidad que Patricio Lynch, jefe del ejército de ocupación, pudo
jactarse de tener una corte de cumplidos vasallos peruanos en palacio, no exagerando un ápice al señalar que fue el mejor virrey que tuvo Lima. Cabe recordar además que no pocas familias de la clase dominante peruana optaron por marchar a Europa, donde dieron principescas fiestas dilapidando las ganancias obtenidas
con los peculados que perpetraron estando al frente del gobierno.

DELINCUENCIA COMÚN

Si la minoritaria plutocracia limeña era blanca, buena parte de sus capas populares era mayoritariamente negra. La apatía de éstas, más que secular, se hizo patente con la ocupación, que pareció no incomodarle en lo más mínimo. Así, prosiguieron en los callejones las jaranas de día y de noche. El sector lumpenesco continuó con sus fechorías, llevando su audacia hasta el repetido enfrentamiento con patrullas chilenas, como ocurrió en Malambo. El Diario Oficial chileno del 14 de junio de 1882 informaba al respecto: “Un cabo herido.- El cabo segundo del batallón Victoria, José Manuel Benavides, se encontraba anteayer en una de las calles del barrio de Malambo. Como a las 2 de la tarde sintió grandes gritos y algazara en una casa y como guardián del orden público fue a poner las cosas en calma, empleando para ello palabras justas y corteses. Una partida de peruanos salió a recibirle y sin decirle una palabra uno le disparó un tiro de revólver que le hizo caer en tierra. Los individuos se escaparon y cuando llegó fuerza nuestra en auxilio de
Benavides, ya aquellos habían desaparecido. Se llevó la policía a algunas mujeres complicadas en el crimen”.

Y el 13 de setiembre del mismo año se produjo otro asalto, según dio cuenta el mismo periódico: “Malhechores.- Anoche, entre nueve y diez, se mandó aprehender por los jefes del batallón Victoria a dos individuos que andaban perturbando con sus escándalos el orden en la calle de Malambo. Cuando se les conducía al cuartel del citado cuerpo, salió de las casas del barrio una partida de más de veinte forajidos que provistos de armas blancas y de fuego atacaron a los soldados que escoltaban a los presos y los obligaron a retirarse al cuartel abandonando a aquéllos, por no tener rifles con qué oponerse a los titos de los malhechores. Inmediatamente después se mandó al lugar del hecho una fuerza competente que persiguió a éstos en su huída, logrando capturar a algunos que hoy gozan de sombra en los calabozos de la policía, y a quienes se aplicará, por la respectiva autoridad, la pena a que se han hecho acreedores. Con inflexibilidad se logrará
escarmentar a los criminales y cortar sus planes para lo sucesivo”.

EN TRAGOS SE VIVABA A PIÉROLA

La vagancia y el alcoholismo era ya plagas sociales, y según el diario oficial (del sábado 15 de julio de 1882) la policía se esmeraba en erradicarlas: “El comandante de policía ha desplegado toda su actividad para desterrar de esta ciudad estas dos plagas sociales que son la raíz de todos los vicios. Nosotros hemos tomado siempre una parte
activa en hacer presente a las autoridades la existencia de esas casas; y por eso nos congratula el saber que la autoridad de policía sea tan diligente en el cumplimiento de sus sagrados deberes. Su solicitud para extirpar la vagancia y la embriaguez será el complemento del sistema correccional que se ha propuesto seguir, y que es la aspiración constante de toda gente de orden, moral y trabajadora”.

Conviene decir que los chilenos consintieron la formación de una policía urbana, que integraron principalmente extranjeros residentes en la capital, los que actuaron como auxiliares de las patrullas chilenas. Nada arredró empero a los viciosos porque las fiestas plenas de excesos prosiguieron sin remedio. Y hasta hubo borrachines que se dieron el gusto de vivar a Taita Guaranguito, motivando alguna alarma en los chilenos, según notició el Diario Oficial en su edición del 27 de julio
de 1882: “Anoche, a las nueve, una mujer del pueblo se presentó a nosotros y con voz entrecortada nos anunció que en el cercado una gran cantidad de pueblo vivaba a Piérola y se batía con una de nuestras patrullas. Llevados por la curiosidad y por el deseo de ver algo nuevo, nos dirigimos en el acto al sitio de la alarma, y en vez de tiros y de pueblo y de otras cosas vimos a una colección de hombres y mujeres que con las cabezas descompuestas, lanzaban vivas frenéticos a Baco, sin acordarse del señor Piérola”.

PROSTITUTAS EN EL CENTRO DE LIMA

Asimismo, proliferaron los antros de prostitución, en las principales calles del centro de Lima, prostitución que la autoridad chilena persiguió fingidamente puesto que la consintió con el ejemplo: según el corresponsal del New York Herald, el general Baquedano convirtió el propio palacio de gobierno en un inmenso burdel.

El Diario Oficial, publicado por los chilenos, informaba el viernes 14 de julio de 1882: “Las casas de prostitución se multiplican como por encanto en Lima e invaden ya, en estos días, hasta los barrios más centrales de la culta población. Podríamos citar más de uno de esos burdeles, centros de desmoralización infernal donde se comete todo género de desórdenes, a toda hora del día y de la noche, escandalizando con su modo de ser a las familias honradas y respetables que habitan en ciertas calles que no distan muchas cuadras de la plaza principal; pero nos abstenemos de hacerlo, porque todo lo esperamos de la saludable acción de la policía que, redoblando su celo, se encargará de extirpar esa raza degradada, reprimiendo con brazo de hierro los escándalos que comete”.

Sólo al día siguiente daba cuenta de una ocurrencia en la que una tapada fue la protagonista:
“¡Qué ganga!
Andando por estos mundos de Dios un quidam de los más despreocupados que es posible suponer, encontró anoche una de esas tapadas que son capaces de hacer estornudar al diablo y bailar el pelado a cualquier hijo de madre, la que con voz dulce como almendrado de porotos le dijo :
- ¿Quiere venir a mi casa?
Excusado es decir que el mancebo se resbaló como quien cae en la trampa, y se fue con la tapada.
Llegaron a una casucha de la calle Yaparió, y allí fue la de chuparse los dedos; pues luego que la tapada le pidió plata al tapado y que éste declaró que no tenía ni un chico, ella trató de expulsarlo y él trató de echar raíces.
Y allí se habría quedado hasta que llegase a viejo a no ser que la tapada, quitándose la careta pidió auxilio, llamó al guardia y logró que el pobretón fuera a bailar a otra parte”.

Hasta podría sospecharse en ese suelto literario la autoría de Ricardo Palma, quien por entonces seguía en Lima siempre fiel a Piérola. La presencia de los chilenos no fue óbice para que figurase como redactor del diario oficial. Uno de sus correligionarios, el señor feudal Luis Milón Duarte, principal cómplice del supremo traidor Miguel Iglesias, daría noticia de ello en carta que firmó el 12 de agosto de 1883, uno de cuyos párrafos mencionaba “el aumento de diarios en Lima, como El Peruano, órgano oficial, cuyo redactor en jefe es el distinguido señor Ricardo Palma, de reputación universal” (véase la Recopilación… de Pascual Ahumada Moreno, Valparaíso, 1890, t. VIII, p. 301).ZONA ROJA CERCA DE LAS NAZARENAS

Respecto a la prostitución que se ejercía cerca al templo de las Nazarenas y barrios adyacentes, el Diario Oficial del 16 de agosto de 1882 informaba: “Es muy laudable la actividad que la autoridad de policía ha desplegado para reprimir los abusos y los escándalos que venían cometiendo las mujeres privadas que habitan en los barrios de las
Nazarenas, Chillón, Aurora y El Huevo. Sabemos que el señor comandante Lazo las ha notificado para que, dentro de un breve plazo, retiren su domicilio de esas calles tan centrales y que allá, donde vayan a vivir, lo hagan con el mayor orden posible”.

Las hetairas poco caso harían de tal conminación, por lo cual serían reprimidas de continuo. Al respecto, el lunes 4 de setiembre de 1882 el Diario Oficial daba la siguiente noticia: “Los vecinos honrados de los barrios de las Nazarenas y Chillón nos encargan de manifestar su reconocimiento al señor Comandante de Policía, por la inquebrantable energía que ha desplegado para desterrar de estas calles a ciertas mujeres de mala vida, que eran la causa de infinitos escándalos y desórdenes que diariamente se cometían, y muy especialmente en las noches, que para ese vecindario han sido todo este tiempo de verdadero tormento. Muy bueno y saludable sería que otro tanto pudiera decirse del comisario del cuartel donde la gente de orden se encuentra hoy en tortura por la mala vecindad de las muchas mujeres perdidas que han ido como una plaga a habitar aquellos barrios”.

COQUETAS, PIROPEADORES Y CACOS

No hubo aquel año la tradicional procesión del Cristo Morado, pero sí visitas a su templo, no sólo de devotos, sino tambien de los piropeadores de oficio y de los amigos de lo ajeno. Octubre limeño de siempre, aquel descrito por el Diario Oficial el viernes 20 de octubre de 1882: “La romería que en estos dos últimos días se acostumbraba hacer sacando en procesión por las calles de Lima la efigie del Señor de los
Milagros, no se ha realizado este año, contentándose los devotos y devotas con visitar el templo de las Nazarenas, que es el santuario donde tal señor se venera. Con este motivo ese templo ha estado, principalmente ayer, soberbiamente concurrido por las lindas beatitas de la túnica morada y otras elegantes limeñas que con ricos zahumadores rodeaban el altar de la imagen de Jesucristo. Tampoco faltaron algunos enamorados y piropeadores de oficio, así como algunos escamoteadores de lo ajeno, perdidos entre la concurrencia.

Mañana comienzan las misiones en ese templo y terminarán el día 28 con la fiesta solemne y la comunión general de todos los años”.


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Admin: Borrar Mensaje  julio ponce garcia    numida2008@hotmail.com  20/06/2013 23:45  Fecha
Mensaje entre los años de 1881 a 1883 duro la ocupacion chilena en lima peru., yo quisiera saber ¿ como era la vida de los limeños durante la ocupacion chilena? ¿en que manera influyo la ocupacion chilena en los negocios de los limeños es decir restaurantes, carpinteros, sastres,etc?si los chilenos tenian una lista de todos los negocios que habia en lima o tenian una lista de censo para controlar la poblacion o los negocios que habia en lima.

durante la ocupacion chilena en lima peru, mi antepasado el boliviano benjamin sardon tenia un restaurante y dos casas tiendas., mi otro antepasado manuel castellanos era carpintero, ambos antepasados mios., vivieron en lima durante la ocupacion chilena en lima peru.


si exsiste algunos datos al respecto por favor comuniquese conmigo., a mi email: [email protected], muchas gracias.

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Admin: Borrar Mensaje  julio ponce garcia    numida2008@hotmail.com  20/06/2013 23:44  Fecha
Mensaje mi tio tatarabuelo francisco castellanos olivera peleo en la batalla de tarapaca fue soldado de la segunda compañia del batallon lima numero ocho fue soldado de infanteria, su expediente se encuentra en el archivo historico militar en el segundo piso al frente del museo de arte de lima.

francisco castellanos fallecio el 08 de octubre de 1944 fue enterrado en el cementerio presbitero maestro pero ignoro en que pabellon y nicho le abran puesto., fallecio a los 82 años de edad.


quisiera comunicarme con los desendientes de mi tio tatarabuelo francisco castellanos olivera., por favor me pueden escribir a mi email: [email protected]



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Admin: Borrar Mensaje  MAURICIO    mauroverde1964@hotmail.com  13/06/2013 01:07  Fecha
Mensaje Ocupación de Lima: relato del ciudadano colombiano Vicente Holguín

Muy cerca lo he visto, puesto que de Lima a los campos de los últimos combates en La Rinconada (9 de enero), en San Juan y Chorrillos (13 del mismo) y en Miraflores y en otros puntos de la extrema derecha (15 del mismo), la distancia es tal que jefes, oficiales y soldados, cubiertos no de laureles sino de polvo, llegaban a esta ciudad cuando aún se oía los cañones del combate. Como complemento se hizo uso de la moderna y terrible invención de las minas y bombas automáticas, de las que se hallaban sembrados los .contornos de los principales fuertes como San Juan y El Solar.

Estas bombas, ocultas en la tierra, estallaban al sufrir presión y producían el formidable efecto de una mina. El inmediato y costoso descubrimiento que hicieron los chilenos de este medio de defensa no les arredró en las cargas, y a la bayoneta tomaron las alturas. Pero esas funestas bombas estaban destinadas a hacer inmensa la desgracia de los infelices heridos que quedaron en el campo, pues a causa del terror inspirado por las explosiones súbitas que destrozaron hombres y mujeres en busca de sus deudos, nadie se atrevió a recorrer esos parajes en donde los heridos agonizaban al lado de los cadáveres horrorosamente fétidos, que ni perros ni gallinazos fueron a devorar.

Episodio de horror indescriptible han tenido lugar con esos pobres heridos, abandonados con la más fría crueldad a dos leguas de una ciudad populosa, entre cuyos habitantes hubo millares excusados del servicio militar con la insignia de las ambulancias.

Los acontecimientos siguieron un curso rapidísimo. La noche aumentó con sus sombras la ansiedad del día. Las calles de Lima estaban silenciosas; el gas iluminaba una ciudad que parecía abandonada. Algún transeúnte apresurado, algún disperso rezagado o herido levemente, alguna camilla de ambulancia, era lo que de vez en cuando mostraban las calles o plazas silenciosas. Al mirar desde los techos hacia el campamento, el resplandor del incendio de Chorrillos contristaba el espíritu y esas llamas devoradoras de las suntuosas habitaciones de la aristocracia limeña –medida de guerra atroz, pero no inusitada- hubieran mantenido siempre en la memoria de todos un recuerdo execrado del vencedor, si las llamas que se levantaron después en Lima para consumar un crimen sin ejemplo, no hubieran hecho desear en la capital la presencia del mismo vencedor.

El 14 por la mañana la mayor parte de los extranjeros organizados en ambulancias se dirigían al palacio de la Exposición, en donde desde la víspera prestaban importantes servicios a los heridos que llegaban en el ferrocarril. Un movimiento general y un sordo rumor agitaban la multitud ahí reunida cuando el pito anunciaba desde lejos la llegada del tren de Miraflores, y las colonias tomaban sus camillas para recibir a los heridos o salían a buscarlos a los barrios apartados de la ciudad.

El 15 por la mañana, los ánimos presentían algo. Poco después del mediodía oyéronse cañonazos en el campamento. La ansiedad comenzó de nuevo, las carreras se multiplicaron, el temor general se pintaba en los semblantes. Miraflores, centro del combate, dista de Lima apenas dos leguas, razón más para que desde las tres de la tarde fueran numerosos los individuos del Ejército que entraban en la capital. Todos decían estar triunfantes.

El sol del 15 de enero se había hundido en el ocaso y con él la esperanza de cuantos dieron y recibieron abrazos por la prisión de Baquedano. Vino la noche y vinieron con ella los gruesos pelotones dispersos y los catorce batallones de la reserva, cuyos comandantes recibieron la orden de su jefe de Estado Mayor, coronel don Julio Tenand, de concentrarlos en la ciudad y disolverlos, sin haber disparado un solo tiro sobre el enemigo. El coronel Piérola no entró con ellos: era mucho lo que se había ofrecido a la capital y a las tropas y el triste resultado final estaba muy lejos de corresponder a tan pomposas promesas.

De las relaciones sobre los acontecimientos de esa tarde resulta que el inesperado combate se trabó porque los peruanos situados en los reductos de Miraflores violaron el armisticio. El combate apenas duró una hora.

En la mañana del domingo 16 se conocía perfectamente el desastre y se medía su magnitud. El recio y sangriento ataque de Miraflores, embestido por los chilenos furiosos por la inefidencia cometida, fue apenas medianamente sostenido por tres o cuatro batallones de la reserva y algunos restos del cuerpo de línea.

Si los ejércitos peruanos habían desaparecido como el humo de los combates, no así los peligros para la capital que abrigaba en su seno esos ejércitos desbandados, indisciplinados y con armas, y un populacho heterogéneo e híbrido de la peor especie. Para contrarrestar a semejantes elementos existía sólo un alcalde municipal nombrado a última hora; como si dijiéramos, a la grupa del dictador cuando éste trepaba hacia la sierra.

Hubiérase creído, en vista del considerable y variado número de banderas que ondeaban los techos, miradores, balcones, puertas y ventanas, que Lima engalanada se preparaba como en los días de sus frecuentes festivales a entregarse gozosa y aturdida a los placeres que la han enervado. Todas las banderas del mundo comercial flotaban en la capital peruana, menos las de Chile, Bolivia y el Perú... En los hospitales de sangre ondeaba la bandera de la Cruz Roja, y en los de caridad, casas de asilo, orfelinatos y demás establecimientos de beneficencia desplegábanse al viento grandes banderas blancas con una imagen de la Inmaculada Concepción.

El saqueo de tiendas, zapaterías y depósitos empezó muy temprano en algunas calles. En la muy extensa de Malambo, donde abundan negros y mulatos, hubo violencia desde las tres de la tarde; en el centro de la ciudad, desde las 5. Los depósitos de víveres robados fueron muy pocos: de chinos muy pobres, de algunos italianos. Los ricos almacenes de mercaderías asiáticas de las calles de Espaderos, Melchor Malo y Bodegones; algunos establecimientos europeos de ropa hecha y todas las tiendas y casas ricas de préstamos asiáticas de Zavala, Albaquitas Paz-Soldán, Capón, Hoyos, Mercedarias y otras, fueron atacadas en la noche, antes de que las colonias extranjeras pudieran organizarse y prestar importantes servicios que salvaron la capital.

Los ladrones invadían las calles por todas partes y en grupos que vitoreaban al Perú y a Piérola, sin acordarse para nada de los chilenos, se dirigían a las calles escogidas que eran designadas a gritos por la turba. A las 8 de la noche un tiroteo nutridísimo se oía en toda la ciudad. Al principio fueron disparos hechos contra las cerraduras para forzar las puertas, o lanzados en todas direcciones como medio de intimidación. Pero desde las 10 se trabó combate que, en distintas partes, defendían las puertas de sus casas y tiendas desde los techos.

Pero aún no había llegado el momento solemne del incendio con que los malvados apoyaron la perpetración de sus crímenes. Ese pueblo de Lima, tan encomiado por su prensa, “cuyos pechos y cadáveres –decía- formarían una valla infranqueable para el invasor”; esos soldados que habían huido ante el enemigo, entraron a la capital a incendiar, a robar y a asesinar en sus hogares a los más laboriosos e indefensos de sus confiados huéspedes.

Muy laudables fueron los esfuerzos y la abnegación con la que la mayor parte de los extranjeros salvaron Lima. Las bombas francesa, inglesas e italianas, servidas por sus respectivas colonias y apoyadas por las demás, luchaban contra el incendio bajo el fuego de los que huyeron ante los chilenos.

Nada más horroroso que el siniestro cuadro que Lima ofrecía esa noche, y nada más propio para explicar y comprender los problemas de ese pueblo, que de tiempo atrás ha estado ocultando úlceras profundas con las lujosas galas en que ha derrochado sus ingentes riquezas.

Ahí estaba Lima incendiada por sus propios hijos; ahí estaba esa ciudad que hasta la víspera lanzaba a los cuatro vientos el denuesto contra sus enemigos, clamando porque entraran y la salvaran de una destrucción más vilipendiosa que el vencimiento y el perdón.

En la tarde del lunes 17 entraron a Lima los primeros batallones chilenos, que la salvaron ocupándola, y cuya actitud digna, circunspecta y grave, obra de la disciplina y de la contingencia de su fuerza, ha debido ser uno de los más severos castigos inflingidos al Perú por el Supremo Juez de las Naciones.

El ejército de Chile hizo su entrada con una moderación que ponía de manifiesto la disciplina de los soldados y la sensatez de sus jefes, así como sus triunfos habían atestiguado su bien dirigida bravura. Los peruanos, mal de su grado, debieron sentir la superioridad de un enemigo que después de vencerlos les devolvía la seguridad de sus hogares, sin insultarlos siquiera con la risa burlona o la mirada compasiva de los fatuos.

¡Cuán diverso habría sido este cuadro final, si los sucesos de la guerra hubieran abierto las puertas de Santiago a caudillos y periodistas que proclamaban guerra sin tregua ni cuartel, y a batallones como los que, desbandados, incendiaron a Lima.

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Admin: Borrar Mensaje  MAURICIO    mauroverde1964@hotmail.com  6/06/2013 22:15  Fecha
Mensaje OTRO RELATO DEL ASALTO Y TOMA DEL MORRO DE ARICA :

Relato del Teniente del 4º de Línea Carlos Aldunate Bascuñan

«Pertenecía a la 1ª del 1º; mi capitán La Barrera era todo un valiente; Ricardo Gormaz, veterano del 4º, ejercía de teniente; como subteniente de mi compañía, y en orden de antigüedad, servíamos el Maucho Meza, yo y Julio Paciente de La Sotta. Esa mañana teníamos 93 hombres, de capitán a tambor; la jornada había sido muy dura, muy cruda; nosotros perdimos ahí diez o doce hombres muertos, y los heridos de la 1ª alcanzaron a 22. De la Sotta y Meza quedaron como arneros. Sólo mi capitán, Ricardo Gormaz, y yo, estábamos ilesos.

Nuestras clases habían peleado bien; el 1º Jara y los sargentos Domingo Sepúlveda, Juan Francisco García, todos se habían conducido admirablemente.

Mi comandante San Martín cayó cerca del Morro, al salir del último bajo; la tropa lo supo, y los polvorazos, minas o la muerte de mi comandante, se decía que había perecido, enfurecieron a todo el mundo.

En estas circunstancias, después de 45 ó 50 minutos de pelea, llegamos al centro de la Plaza del Morro; me acompañaban cuatro o cinco soldados y un sargento; a mi retaguardia corría todo el regimiento.

No en el mismo centro, un poco cerca de las piezas que daban al mar estaba Bolognesi, don Juan Guillermo Moore, vestido de paisano; Espinosa, chiquito, y otros jefes peruanos más.

La tropa, obediente a mi voz, se detuvo y rodeó a los comandantes enemigos.

Bolognesi se dirigió a mí y me dijo:

-Estoy rendido; no me mate, que estoy herido; ¡soy un pobre viejo cargado de hijos!

En el acto contesté:

-Los oficiales chilenos no matan a los heridos ni a los prisioneros.

Bolognesi, en señal de rendición, gritó a los suyos:

-¡Alto el fuego! ¡Alto el fuego!

Sobre la marcha, recibí de manos del coronel don Francisco Bolognesi, su espada, y del capitán Espinosa, la suya.

Esas armas las poseen hoy, don Juan Miguel Dávila Baeza, la de Bolognesi y la familia de mi capitán don José Losedano Fuenzalida, la de Espinosa.

Don Juan Guillermo Moore, Bolognesi y Espinosa, fueron inmediatamente puestos bajo custodia, para librarlos de la furia de los soldados que no querían dar cuartel.

Yo continué mi camino, acompañado por mi sargento Briones y tropa de mi compañía, y en demanda de otra situación.

Por desgracia, habiendo cesado el fuego y dándose por todos la orden de no continuarlo, y estando rendido aquel poderoso reducto, un infeliz soldado, dicen algunos, ¡jamás se sabrá quien fue, creo yo, hizo reventar uno de los grandes cañones de la batería del mar!

Esa felonía volvió loco a todo el mundo, y a nadie se perdonó entonces la vida.

Más tarde pude ver juntos los cadáveres de Bolognesi, Moore y otros que no recuerdo. Bolognesi tenía roto, destapado el cráneo de un culatazo.

La tropa, furiosa, los mató estando rendidos».

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Admin: Borrar Mensaje  MAURICIO    mauroverde1964@hotmail.com  6/06/2013 22:10  Fecha
Mensaje Relato del Capitán del 4º de Línea don Ricardo Silva Arriagada

Mandaba la 4ª del 2º don Ricardo Silva Arriagada. Mi compañía contaba los mejores cazadores del antiguo 4º

Tenía muy buenos oficiales; se me honró dándome la descubierta en el ataque. Sobre nuestra izquierda, a tomar el Este, marchó el 1er. batallón; a nosotros, los del 2º, nos enviaron a los fuertes de la costa, a los de La Lisera; eran cuatro, con cinco trincheras, foseadas en forma de media luna.

Partimos oblicuando sobre la izquierda, con esta en cabeza, en movimiento envolvente; el ataque fue rapidísimo; no hicimos fuego sino cuando ya estábamos encima; todo el 2º batallón, ciego y con rapidez asombrosa, tomamos todos los fuertes de la playa y llegamos al recinto mismo del Morro; sentimos el toque de «¡Alto el fuego!»

Nos detuvimos un momento, y como hubieran muchas bajas, de acuerdo todos seguimos el asalto y penetramos a la gran plazuela, y me dirigí a un fuerte cuadrado y con rieles que había en el medio.

Cuando llegué al mástil, que enarbolaba la insignia peruana con varios de sus soldados, nadie, de nuestro ejército, se había adelantado a mí.

Más tarde pude ver los cadáveres de Bolognesi, Moore y Ugarte. Todos decían que después de haberse rendido vulgarmente, la tropa los había ultimado a culatazos, porque, con felonía, estando rendida la plaza, le dieron fuego a los cañones, reventándolos.

El cadáver de Alfonso Ugarte se encontraba en una casucha ubicada cerca del mástil, al lado del mar, mirando hacia el pueblo; en ese lugar, las rabonas del Morro cocinaban el rancho; y ahí, esas pobres mujeres, tenían oculto el cadáver de Alfonso Ugarte; era un hombre chico, moreno, el rostro picado de viruelas, los dientes muy orificados, de bigote negro.

Aquellas mujeres tenían profundo cariño por Ugarte, y para guardar su cadáver, lo habían vestido con un uniforme quitado a un muerto chileno.

Pude saber que era el coronel Ugarte, porque el doctor boliviano Quint cuando lo vio, exclamó:

-¡Pobre coronel Ugarte; no hace mucho, lo he visto vivo!

Más tarde se dio la orden de arrojar al mar todos los cadáveres; sin duda que botaron también el de Alfonso Ugarte, porque no se pudo encontrar.

En ese mismo día, ofreció su familia 5.000 soles plata por los restos del coronel; se buscaron mucho; di noticias, detallé lo ocurrido, pero nada se descubrió.

Esto ocurrió largo rato después de rendida la plaza.

Iba a descender al plan por un senderito que vecino al mástil se encontraba, cuando varios jefes peruanos subían a la altura; uno de ellos me dijo:

-¡Sálvenos, señor; estamos rendidos!

Eran los señores comandantes don Manuel C. de La Torre, don Roque Sáenz Peña y el mayor don Francisco Chocano, que arrancando de la furia de los soldados chilenos, se rendían a discreción.

La Torre me entregó su revólver; don Roque Sáenz Peña estaba herido en el brazo derecho. En el acto tomé las medidas del caso para salvarlos.

La tropa que venía atacándolos, continuo disparando; mandé hacer «¡Alto el fuego!», y sólo haciendo esfuerzos soberanos, pude mantener a nuestros hombres.

-ENTRÉGUENOS LOS JEFES CHOLOS, PARA MATARLOS, MI CAPITÁN -gritaban y vociferaban todos a la vez.

La Torre y Chocano pedían a gritos perdón; Sáenz Peña se mostró tranquilo, sereno, imperturbable; si hubo miedo, en don Roque, no lo demostró; aquello resaltó más y se grabó mejor en mi memoria, por cuanto los dos prisioneros peruanos clamaban ridículamente por sus vidas.

Cierto que el trance fue duro, apurado, y él subió de punto cuando al pasar cerca de una de las piezas del Morro, reventó ésta, en circunstancias que, revólver y espada en mano, defendía a mis prisioneros.

La explosión fue tremenda; la muñonera del cañón, por poco no mata a uno de ellos; la tropa, ciega, se vino encima gritando:

-ENTRÉGUENOS LOS CHOLOS TRAIDORES, MI CAPITÁN».

El comandante La Torre agrega:

-Nosotros no somos culpables; esas piezas, posiblemente, tenían mechas de tiempo; no nos maten; nada sabemos; no tenemos participación.

Chocano une sus súplicas a La Torre, y al fin consigo salvarlos. Don Roque Sáenz Peña, mudo, no habla, no despliega sus labios; pálido se aguanta, ¡y se aguanta!

En esos momentos, varios soldados persiguen a tiros a unos infelices, y éstos se precipitan por una puerta que existe en el suelo, nuestros hombres llegan y hacen fuego. La Torre y Chocano, que ven aquello, gritan:

-Por Dios, no hagan fuego; ésa es la Santa Bárbara del Morro, la mina grande; hay más de 150 quintales de dinamita; está llena de pólvora y balas; ¡va a estallar!

La tropa se detiene, y ante la declaración de La Torre, que es el jefe de Estado Mayor enemigo, comprende la suprema necesidad de salvar a esos prisioneros, y se tranquiliza.

Las geremiadas de los prisioneros peruanos continúan, y solícitos a todo, dan muestras de miedo, pero de mucho miedo.

Don Roque Sáenz Peña sigue tranquilo, impasible; alguien me dice que es argentino; me fijo entonces más en él; es alto, lleva bigote y barba puntudita; su porte no es muy marcial, porque es algo gibado; representa unos 32 años; viste levita azul negra, como de marino; el cinturón, los tiros del sable, que no tiene, encima del levita; pantalón borlón, de color un poco gris; botas granaderas y gorra, que mantiene militarmente.

A primera vista se nota al hombre culto, de mundo.

Más tarde entrego mis prisioneros a la Superioridad Militar, que los deposita, primero en la Aduana, y después los embarcan en el Itata.

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Admin: Borrar Mensaje  José Bustamante Mora    jose.bustamante.mora@gmail.com http://La guerra del pacifico  27/05/2013 21:58  Fecha
Mensaje Interesante página en la que se entregan antecedentes de los que fue la guerra del pacifico, muestra del material grafico y los participantes de todos los bandos involucrados, ojala se siga entregando este tipo de información que muy bien le hace sobre todo a los jovenes que de ésto nada saben

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Admin: Borrar Mensaje  Ruben Casanova Arriagada    rubencasanova@gmail.com  22/05/2013 22:35  Fecha
Mensaje Excelente pagina, nostalgica para los que hemos vivido en el norte, y apreciamos tan vibrante epoca de la Guerra del Pacifico...
Mi respeto y muchas felicitaciones
Ruben Casanova A

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Admin: Borrar Mensaje  pedro baez pincheira    mensajeria@.cl http://----------------------------------------------  22/05/2013 18:42  Fecha
Mensaje FELIZ DE SABER QUE MIS APELLIDOS FORMEN PARTE DEL PASADO DE ESTA NACION ,DE UN LADO U OTRO .. FELICITACIONES POR LA NUEVA INFORMACION QUE NOS BRINDAN,,SALUDOS CORDIALES.

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Admin: Borrar Mensaje  Nelson Olivares Sánchez    nelsonolivares@hotmail.com  21/05/2013 17:27  Fecha
Mensaje Felicitaciones por tan admirable y magno trabajo.
Saludos respetuosos y fraternales.


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Admin: Borrar Mensaje  verónica cecilia retamales araya    veronicacecilia.-ra@hotmail.cl  19/05/2013 16:35  Fecha
Mensaje Buenos dias... ayer fui al museo junto a mi pololo por el dia de los museos y fue la primera vez que nos presentabamos ahi y lo encontramos muy bonito y presentable y a la vez limpiesito muy buenas reseñas todo bien escrito y la atencion fue buena la gente que estaba ahi para preguntar ellos sin ningun problema respondia 100% disponibilidad felicitaciones Saludos !!

pd: yo soy de iquique y mi pololo de stgo !

Adios
18-05-2013

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Admin: Borrar Mensaje  julio enrique luengo bustos    accaraudio@live.com http://www.accaraudio.cl  13/05/2013 20:57  Fecha
Mensaje Excelente pagina! La guerra del pacifico me apasiona mucho!!!. he recorrido algunas partes donde mis compatriotas lucharon por nuestra patria y fue muy emocionante conocer en persona el campo de la alianza en tacna!. saber que chile estuvo en lima me llena de ganas de seguir aprendiendo sobre esto, Ademas de que muchos familiares apoyaran tanto la llegada de los regimientos al comienzo de la guerra siendo un abuelo de mi abuela alcalde de caldera y y el padre de mi abuela haber peleado en el 3° de linea. muchas gracias por esta maravillosa pagina y mucha suerte....

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Admin: Borrar Mensaje  Ingrid Dìaz    ingriddiazch@gmail.com  18/04/2013 04:44  Fecha
Mensaje Hola: sòlo pasaba por aquì para decirte que el tema de La Guerra del Pacìfico me ha llegado a apasionar tanto que tu pàgina me emociona. Te felicito por ayudarnos a no olvidar nuestro glorioso pasado. Un gran abrazo desde Valparaìso!!

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Admin: Borrar Mensaje  LUIS ALBERTO RIOS    luisrios909@hotmail.com  12/04/2013 12:35  Fecha
Mensaje siempre he sido un gran admirador de su pagina web y del ejercito chileno

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Admin: Borrar Mensaje  EDWIN ADRIAZOLA    eadriazola@yahoo.com http://www.eadriazola.blogspot.com  10/04/2013 13:25  Fecha
Mensaje Hola
He tenido dificultades para utililzar el correo que consignas (mpelayog@gmail)
Soy docente de Ciencias Sociales (Historia, Geogbrafía, Economía) de un colegio particular y desarrollo temas de Historia local com afición. Acabo de ver el blog "LOS HEROES OLVIDADOS" y noto un gran aprecio por los que fueron, ademas de la seriedad y conocimiento del trabajo.
He desarrollado el mismo tema relacionado con el puerto de Ilo, administro un blog (www.eadriazola.glopspot.com) y he publicado algunos libros. En la actualidad estoy terminando un trabajo sobre la historia local y me he encontrado dentro del tema de la Guerra del Pacifico con un pasaje que aqui llaman de "Los quinteados": un grupo de ileños fueron fusilados en febrero o marzo de 1880. Lamentablente no he encotrado datos sobre el tema y todo es versión oral. Tu que has investigado el tema de la Guerra del Pacífico, conoces algo de esto sobre la ocupación chilena de Ilo o de Moquegua?
Te agradecería mucho el tiempo que le dedique a esta consulta.
Un abrazo

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