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Hola,
Estuvimos un grupo de niños y padres provenientes de Alhama de Granada esta primavera pasada en vuestro hotel rural el tiempo de un fin de semana. Es de agradecer vuestra acogida y atención así como la agradable estancia en vuestro albergue. Inspirándome en nuestras excursiones en los alrededores de Doñana he redactado un pequeño texto que ahora os dirijo. Espero que os guste y sirva de modesto agradecimiento a vuestra bonita labor. Hasta pronto,
David, padre de Teo y Ana
Ensueño en Doñana
Cierta vez, a mediados de primavera, fueron un grupo de niños de excursión al Parque Nacional de Doñana. Montados a bordo de su autobús avanzaron dejando atrás casas y cultivos, para entrar maravillados en la amplia tierra salvaje de Doñana, donde el horizonte se pierde entre bosques y marismas. A medida de que se adentraban en la naturaleza nacía en ellos la ilusión por ver al príncipe de éste lugar, el fabuloso lince, este fiero animal casi fantasmal del que tanto habían oído hablar; el auténtico protagonista de esta reserva natural. Esperanzados a lo largo de toda su visita le iban buscando en cada rastreo de sus miradas, queriéndolo sorprender al acecho de su alimento favorito o mejor aún, percibirlo en el mismo momento de su ataque en el que la pobre presa pierde, por poco, la carrera de vida y muerte para acabar entre los colmillos del temible felino. Así de espectacular se lo imaginaban algunos niños. Otros, con más cariño, se lo representaban en la intimidad de su madriguera, acurrucado y cuidando de sus pequeños con ternura. En fin, el caso es que todos querían verlo de verdad. Con todo la estancia en los alrededores de Doñana llegó a su término y el retorno a casa aconteció sin que ninguno de los escolares pudiese avistar al animal. Pero pronto y ya de vuelta a la rutina de su pueblo, muchos de aquellos niños tuvieron una corazonada: el claro sentimiento de que habían estado sobre los pasos del lince y su presencia misteriosa, de que por aquél bosque de alcornoques que recordaban ¡con toda seguridad paseaba él en éste mismo momento! De que en ese impresionante pinar de pinos piñoneros que conocían ¡sin duda estaban allí correteando sus cachorros, juguetones y alegres! Los jóvenes visitantes habían hallado un secreto, un secreto surgido de la naturaleza que daba forma a Doñana, tan indómita, frágil y dispuesta a desaparecer. Ciertamente el lince había estado cerca de ellos… ¡Muy cerca!
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