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EL CENTRO DE EXPERIMENTACIÓN DE VIÑAS QUE EL INIA TIENE EN CAUQUENES NOS ACERCA A ESTA PUJANTE INDUSTRIA
Orientados a consumidores del Primer Mundo con poder adquisitivo, que exigen productos de calidad, de procedencia garantizada y cautelando aspectos sociales, técnicos y ambientales de la cadena productiva, los orgánicos van en ascenso en el país. Sin embargo, la falta de una ley específica es uno de los puntos flacos de la nueva cara exportadora.
La tendencia mundial a desarrollar una agricultura más sustentable que no deteriore el medio ambiente, el crecimiento de los mercados internacionales a tasas de un 20% anual y la creciente demanda de los consumidores por productos sanos, han hecho del mercado de los alimentos orgánicos un nuevo y atractivo foco exportador para Chile.
Actualmente, se estima que hay en el país una superficie de alrededor de 4.500 hectáreas destinada a cultivos orgánicos, a los que se suman cerca de 600 mil hectáreas de praderas. La mayoría de esta superficie está en manos de pequeños y medianos productores agrícolas, quienes logran exportar un volumen de cerca de 2 mil toneladas anuales, por un monto de US$4 millones. Los principales productos exportados son hortalizas y frutas frescas, que se destinan mayoritariamente a los mercados de Estados Unidos, Europa y Japón.
Parte del atractivo que concitan los productos nacionales se debe a que Chile cuenta con un amplio marco de ventajas naturales, las que, por el momento, son aprovechadas por un segmento limitado de productores, quienes destinan sus flujos de oferta, fundamentalmente, al mercado internacional. No hay que olvidar que el término orgánico se refiere a un sistema de producción más que a un producto final.
En los últimos cuatro años el crecimiento de esta nueva (o vieja) modalidad productiva en el país ha sido de un 100%. Por eso, a juicio del presidente de la Agrupación de Productores Orgánicos, José Antonio Benavente, ''este rubro constituye una gran oportunidad para las pequeñas y medianas empresas que tienen ganas de entrar a una forma de vida y negocio con mucho futuro''.
Proyectos piloto
También dentro del marco de la mesa de trabajo público-privada se encuentran dos proyectos tecnológicos que implementa el INIA, en producción de viñas y ganadería bovina para leche y carne, como resultado de un convenio de trabajo conjunto entre el Ministerio de Agricultura de Chile y el Gobierno Suizo. En ambos proyectos se incorporaron los protocolos de certificación exigidos por Suiza para la producción orgánica, que se caracterizan por sus altos estándares de calidad que cautelan la salud de la población.
El proyecto de ganadería bovina se realiza en el Centro Experimental Butalcura del INIA, ubicado en Chiloé, Décima Región, y se ejecuta en las comunas de Ancud y Chonchi. Su objetivo es generar información técnico-económica sobre el rubro, considerando los protocolos orgánico e integrado; adaptarlos a la ganadería de la zona y sentar las bases técnicas para la diferenciación futura de productos lácteos derivados con mayor valor agregado.
El proyecto de Manejo y Producción de Viñas se desarrolla en el Centro Experimental Cauquenes del INIA, Séptima Región. Expertos del Instituto diseñaron estrategias para mejorar la condición socioeconómica de los medianos y pequeños agricultores del sector, quienes agregaron valor a sus parronales introduciendo cambios en el sistema productivo que enfatizan los aspectos sociales, económicos, culturales y tecnológicos en la elaboración de vino orgánico para los consumidores suizos.
El programa contempla el establecimiento de tres módulos orgánicos de unas para vino, que incluye variedades finas como el cabernet sauvignon. Su objetivo, además, es producir vinos reserva y premium, cuyo valor comercial supera los 5 dólares. El 2006, Chile podría contar con las primeras botellas etiquetadas y dispuestas para su comercialización.
Las óptimas condiciones fitosanitaria de nuestro país, sumadas al clima y la condición de contraestación con el hemisferio norte, son ventajas comparativas que permiten a los productores nacionales obtener mayores opciones de venta, dentro y fuera del país. A lo anterior se suma el creciente interés de los consumidores de Europa, Japón y Estados Unidos por esta línea de productos que, en los últimos años, evidencian un rápido crecimiento en la industria de los alimentos al detalle, que hoy no sólo se venden en tiendas especializadas, sino también en grandes cadenas de supermercados.
En estos países rigen diferentes protocolos de certificación para los alimentos orgánicos, que destacan por sus exigencias en los procedimientos productivos utilizados. Suiza, sin embargo, cuenta con normas propias, que en algunos aspectos son similares a las que se aplican en la Unión Europea. Pero añade obligaciones como que la totalidad del proceso productivo se realice en forma orgánica, fomento a la biodiversidad, sustentabilidad social y promoción del desarrollo rural, como factor de crecimiento de otras actividades como el turismo.
Lino Solís, El Mostrador
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